Salí a pescar con el Point 65 Kingfisher y de paso grabé una reseña rápida de campo: cómo se desmonta y cabe en un utilitario normal, qué le he modificado ya y cómo se comportó con las primeras olas.

Desmontaje y transporte

La gracia principal del kayak es que se desmonta por completo en dos mitades, así que no hace falta baca en el techo: me quité las barras que tenía antes (con las que llevaba la bici y un baúl) y liberé espacio en el maletero del utilitario. Cada mitad pesa unos 16 kg — algo así como una pesa rusa, no es lo más cómodo de cargar, pero se lleva bien: la mitad delantera tiene asas para transportarla y anclajes para montar accesorios, y la mitad trasera la cargo con una mano por el asa o al hombro. El montaje es sencillo: las dos mitades se colocan una frente a la otra, se insertan en las guías y se cierran con unos clips tipo fijación de snowboard hasta que hacen clic — y ya está armado, solo falta encajar la proa.

Casco tipo catamarán y estabilidad

El Kingfisher lo diseñó un diseñador sueco que trabajó muchos años en Volvo y antes en Porsche Design. Lo poco habitual es el propio casco, construido como un catamarán o trimarán. Eso tiene ventajas y desventajas: mejora claramente la estabilidad, sobre todo si no subes el centro de gravedad. Si lo subes (por ejemplo, sentándote más alto sobre una ola), la sensación se vuelve bastante más arriesgada y aumenta claramente el riesgo de volcar.

Mi tuning y los puntos débiles

Ya le he adaptado varias cosas:

  • cinta antiabrasiva en los puntos que rozan con las rocas al arrastrar el kayak hasta el agua;
  • cinchas elásticas para una bolsa estanca en la parte trasera — aunque quité una porque se me enganchó un anzuelo pescando;
  • un refuerzo para el tornillo del pedalier — al pisar fuerte los pedales, el propulsor cambia de ángulo y el tornillo se desvía, así que corté una pieza provisional para reforzarlo (aunque, como se suele decir, no hay nada más permanente que lo provisional).

El principal defecto sigue sin resolver: la escotilla delantera no es estanca. Compré el kayak de segunda mano y no traía la junta de la tapa — hasta una ola pequeña, de costado o de frente, mete agua dentro, y luego no drena. Pienso ponerle una junta más gruesa o directamente sellar la escotilla con silicona, porque apenas uso ese compartimento.

Cómo se comportó en el agua

Escotilla aparte, el kayak en sí se siente estable sobre las olas — no bambolea, no da sensación de que vayas a caerte. Las dos aletas bajo el casco, con dirección por cable, lo hacen bastante maniobrable para su tamaño, y el remo se sujeta con una goma en las guías. En la prueba fui bordeando unas boyas con un aparejo de cinco moscas — en esa zona no hubo ni una picada, ni pescando en profundidad.

En resumen: para salidas cortas — medio día o un día de pesca — la modularidad compensa los inconvenientes. No hay que inflarlo, no hace falta garaje para una embarcación que huela a gasolina, y las dos mitades se cargan a mano sin carrito. Para mí este kayak es una forma de meterle algo de actividad a la pesca, en vez de pasar el día sentado como en una barca a motor.