Segunda parte del relato sobre las primeras salidas al mar en kayak de pedales: tocaba ajustar el sistema de pedaleo, y el agua fue generosa con la pesca ese día — una barracuda, jureles y un pez fuerte que no se pudo identificar en el momento.

El pedaleo se flexiona, la hélice roza el casco

Tras la salida anterior quedó claro: al pedalear con fuerza, el sistema de pedaleo se flexiona hacia la pared del casco y la hélice roza el fondo. Ayer soplaba un viento bastante fuerte, con rachas de 8-10 m/s; hoy está notablemente más calmado, aunque en el horizonte aún se ven restos de ese frente. Remando el kayak avanza más ágil que pedaleando, aunque según las especificaciones la velocidad debería ser comparable. Resultó que el tapón de plástico del pedaleo estaba levantado — allí mismo, en el mar, meciéndose con el oleaje, se improvisó un arreglo temporal para eliminar el juego. Es una solución provisional: la idea es imprimir en 3D una pieza adecuada y, mientras tanto, buscar soluciones ya hechas en internet.

Una barracuda que muerde el dedo, jureles para cenar y un pez sin nombre

Un aparejo tipo guirnalda con varias moscas — un montaje que no es precisamente el favorito, pero los hechos son los hechos: funcionó rápido y casi sin pausas. La primera en picar fue una barracuda pequeña pero muy bonita, que alcanzó a morder un dedo antes de volver al mar: aquí los peces bonitos siempre se sueltan. Después picó otro pez: fuerte, brillante, con reflejos al sol, claramente no un jurel, aunque nunca se logró identificar — tiraba tan fuerte que solo quedaba imaginar cómo sería luchar con uno más grande. Luego llegaron los jureles, primero pequeños y después más grandes, lo que obligó a aflojar un poco el freno. En la salida anterior también hubo picadas, y parece que se debía a que esas moscas tenían alas finas, como de “papel”, de espuma delgada, que los peces mordisqueaban. El jurel local fresco resultó muy sabroso una vez frito: ni seco ni con demasiadas espinas. Entre la captura también apareció un pez redondeado, parecido a una brecha pequeña.

El desnivel, los puntos de referencia y los sueños de atún

El momento clave del día fue el desnivel submarino: la línea donde el agua turquesa se oscurece de golpe, visible desde la superficie como una franja nítida. El kayak iba derivando a lo largo de esa línea hacia la costa, y este tipo de zonas se consideran de los puntos más prometedores para pescar. Experimentar con el aparejo pensado para atún no salió bien: no se pudo hacer que bajara, así que iba por la superficie, y no hay mucha fe en que allí, justo en la lámina del agua, se dé una picada agresiva — hace falta un downrigger o un señuelo de buceo profundo. Así que tocó volver al aparejo de siempre, el que funciona. Dos franjas verticales de color rojo ladrillo en un hotel de la costa sirvieron de referencia para el punto de partida: alejándose de ellas hacia la izquierda y hacia aguas más profundas, se llegó, al parecer, justo al desnivel de atún frente al hotel — el agua ahí es aún más oscura y la franja del desnivel se ve con claridad. Pasó flotando una medusa, y cerca un kayak en tándem con pescadores se alejó a toda velocidad con motores eléctricos. Durante el pedaleo el pulso se mantuvo alrededor de 125 — como caminar rápido o trotar suave. A diferencia de un kayak a motor, donde uno simplemente tira del cordón y arranca, aquí, quieras o no, hay que seguir pedaleando — y precisamente eso, admite el autor, es lo que más le gusta: las lanchas a motor pescarán más, pero no se trata de la captura, sino del ocio activo.