Un sábado, mi día libre, salí al agua y terminé mirando más a los kayakistas locales que a las picadas: coches buenos, sondas, motores eléctricos, alguno con pedales. La pregunta de por qué eligen kayak y no una barca quedó sin responder, pero el pescado apareció rápido.

Un kayak con motor eléctrico - todavía un misterio

Aquí el kayak está tan desarrollado y es tan popular que la gente llega en coches buenos, y está claro que no eligen el kayak por movilidad: unos llevan sonda y todo el equipo, otros van con motor eléctrico, alguno con pedales. De todos los que vi en el agua, solo una persona iba a pedales; el resto se deslizaba en silencio con motor eléctrico. Pensaba que el kayak era cosa de remo y pedales, pero la realidad es otra.

Hoy el mar está en calma, pero ayer, al pasar a mirar, había una ola notable — izaron la bandera amarilla. Hoy salimos sin demora en cuanto pudimos.

También vi a gente local con cuatro cañas a bordo a la vez — me gustó la idea: un equipo con jig para explorar y otro con la cadena de anzuelos para cuando el pez se activa.

Dos cañas y un sellado casero

Hoy llevé dos cañas para no atarme a un solo señuelo y poder experimentar más rápido: una corta, de 1,2-1,4 m, para el jig, y otra más larga para la cadena de anzuelos. Quería comprobar qué tal iba una caña corta: la sensación fue buena, aunque no tanto para la cadena de anzuelos.

En el terreno práctico: ayer busqué gomas de sellado para impermeabilizar — primero en tiendas de recambios de coche, buscando algo como las gomas de puertas o maletero, sin suerte; después en ferreterías, donde encontré tiras de sellado para ventanas. Pegué varias capas y las apreté. No sé cuánto aguantará un arreglo así con uso continuado, pero la idea era simple: si después de la salida de hoy queda seco por dentro, se queda sellado para siempre.

Encontramos el banco: un jig de 40 gramos resuelve

La primera pieza buena fue un jurel, con el jig. Y si hay un jurel, seguramente hay más — esa fue la táctica del día. Después llegó una tanda de picadas: el banco estaba muy activo, los peces atacaban uno tras otro, algunos se soltaban justo al lado del kayak, pero la acción se mantuvo. Además del jurel picó una caballa pequeña y algún otro pez pequeño que no se identificó a simple vista.

Sobre el peso del jig, la conclusión es clara: mejor ir directo a unos 40 gramos en vez de 20 — el jig ligero cae demasiado lento y las picadas se sienten menos claras. El jig más pesado cae casi en vertical, deriva menos y el pez responde más.

El día se hizo intenso: manos llenas de baba de pescado, la caña a punto de salirse del portacañas de plástico, y pesca suficiente para la sartén. Un sábado estupendo en el agua. Lo que viene: esperar el agua transparente — esta temporada quiero meterme en serio en la pesca submarina y sacar la licencia, porque para mí sigue siendo un mundo totalmente desconocido.